
“El conocimiento es el principal poder del pueblo, y territorializar el saber es el primer paso para que las comunidades dirijan su propio destino”, con una frase contundente y acertada se desarrolló la quinta jornada formativa denominada, «Ciencias y Educación en el Entorno: lecturas del Proyecto Educativo Integral Comunitario (PEIC)», la cual se llevó a cabo el pasado miércoles 2 de septiembre, continuando el ciclo de formaciones crítico -técnicas que se dictan en el Instituto de Ingeniería.
En el encuentro, académicos y voceros comunales establecieron una ruta clara hacia la verdadera alternativa de soberanía popular y reflexionando sobre una severa crítica al «Capitaloceno», al «tecno-optimismo», al extractivismo epistémico de la ciencia occidental y frente al colapso de los modelos civilizatorios tradicionales; que hoy los pueblos organizados venezolanos descolonizan, transforman y aprende de la planificación y el método de construir juntos.
De Simón Rodríguez a “Los Curos”: aprender enseñando.
El coordinador del Centro de Estudios Aprendizaje Investigaciones Comunales (CEAICOMUN) “Kléber Ramírez” y docente de la Universidad Nacional de las Comunas, Néstor Hugo Angulo, inicia su ponencia hablando sobre la educación popular y la ciencia del entorno como instrumentos indispensables para que las comunidades se conecten con su territorio y transformen sus realidades. Angulo, describe las ciencias comunales como una sólida genealogía de pensamiento liberador. Desde las Reflexiones de 1794 de Simón Rodríguez —que denunciaba la “ceguera cognitiva” de una educación excluyente— hasta la máxima de 1830: “Si la ignorancia reduce al hombre a la esclavitud, instruyéndose el esclavo será libre”.
En este sentido, ilustró la viabilidad práctica con el caso de Los Curos (Mérida): una comunidad de 30 000 habitantes del estado Mérida, donde un grupo local de consejos comunales y organizaciones sociales se reúne para investigar, debatir y planificar su territorio. Allí, el Catastro Popular y la Carta de Barrio se convirtieron en herramientas de justicia social, mientras que ingenieros comunales aportan al hábitat e infraestructura, sin depender de empresas privadas.
El método Chávez
El comunero acotó que esta comunidad pionera aplica el denominado “Método Chávez”, dividido en cuatro dimensiones (social, política, económica y territorial), que conforman una estructura matriz formativa con un fin último: que la comunidad asuma el control directo de servicios esenciales mediante Empresas de Propiedad Social Directa.
Dimensión Social: enfocada en la autogestión, los derechos y la pedagogía alternativa.
Dimensión Política: orientada al análisis de la lucha de clases, la descolonización de las mentes y las epistemologías del Sur.
Dimensión Económica: centrada en democratizar la producción y promover la propiedad social autogestionaria.
Dimensión Territorial: dirigida a planificar la geometría del poder, el desarrollo endógeno y regularizar la tenencia de tierras.
La aplicación de esta “ciencia del entorno” ha permitido a los habitantes desarrollar mecanismos autosustentables y planificados. “Esto no se hizo con empresas privadas; se realizó con el diálogo técnico entre ingenieros, arquitectos, tecnólogos y trabajadores de la propia comunidad”, puntualizó Angulo, evidenciando el potencial autogestionario del Poder Popular en áreas de salud integral comunal, control y distribución de alimentos, gas y transporte público.
Para concluir, el comunero resalta, Son tiempos de redimirnos, de construir con nuestras propias manos, caminar con nuestros propios pies y pensar con nuestra propia cabeza, y asumir la autoorganización, la autonomía, la autogestión, el autogobierno, la verdadera democratización de la política y de la economía.
Del Capitaloceno a las herramientas comunales contra el colapso
En segundo lugar, el ecólogo Éder Peña, investigador del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), intervino para aportar el diagnóstico biofísico y socioambiental que justifica la urgencia de territorializar el saber. Peña advirtió que la especie humana ha transgredido los límites planetarios operacionales seguros debido a una aceleración metabólica insostenible en el uso de materia y energía.
El científico cuestionó la categoría tradicional de “Antropoceno”. Argumentó que este término sugiere una “culpa humana difusa”, ignorando que el verdadero motor de la destrucción de la red de la vida es el sistema de acumulación infinita, mejor definido bajo el concepto de Capitaloceno de Jason Moore.
En su intervención fue contundente al indicar que la humanidad ha rebasado los límites planetarios seguros y que el modelo civilizatorio actual —el Capitaloceno— es el verdadero motor de la devastación ecológica.
Peña situó a las ciudades modernas como el epicentro del colapso socioecológico, explicando que fueron planificadas para concentrar fuerza de trabajo y plusvalía, y no para sostener la vida. Esto genera inmensas cadenas de suministro insostenibles y vulnerabilidades extremas frente a escaseces críticas de servicios públicos básicos. Citó el ejemplo de la parroquia Carayaca, donde la escasez de agua desató conflictos de gobernanza territorial e indujo un sobreuso de fertilizantes químicos para forzar el rendimiento de la hortaliza.
“Las ciudades modernas no fueron diseñadas para la vida, sino para concentrar fuerza de trabajo y generar plusvalía”, alertó Peña al describir cómo la “Gran Aceleración” posterior a 1950 disparó el consumo de energía, agua y emisiones de CO₂.
Peña en su intervención conversó sobre el “tecno-optimismo” corporativo global que vende soluciones mágicas como la geoingeniería o la fusión nuclear para evitar transformar las relaciones de poder y continuar la lógica extractivista de ver al Sur Global como una simple mina. Frente a la crisis, Peña defendió el uso de los Proyectos Educativos Integrales Comunitarios (PEIC) para romper la jerarquía del saber experto. Para ello, recomendó tres herramientas de construcción colectiva: la cartografía social o mapeo colectivo, el método PARDI de planificación adaptativa y la sistematización de experiencias como investigación-acción. Su conclusión pedagógica fue clara: en la educación del entorno no existen “atendidos y atendedores”, sino sujetos activos diseñando colectivamente su realidad.
Geopolítica del despojo y crítica al “extractivismo epistémico”
Cerrando el panel, la Dra. Karina Ochoa, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de México, en línea a través de Formatec, expandió el debate hacia las dimensiones epistemológicas y la geopolítica del despojo. Ochoa explicó que, desde el inicio del siglo XXI (con la crisis bursátil de las empresas de internet en Asia entre 2000 y 2003 y el declive del modelo neoliberal mundial de 1982), el capital financiero transnacional se refugió en activos refugio o commodities (tierra, alimentos, minerales y fuentes de energía).
Este proceso desató una agresiva financiarización y acaparamiento transnacional de la tierra que disparó los precios de los bienes básicos y alimentarios. Según Ochoa, este despojo material es posibilitado por una lógica de “extractivismo epistémico” en la cual las academias metropolitanas del Norte Global despojan y apropian los saberes tradicionales de los territorios del Sur Global para procesarlos y etiquetarlos bajo su autoría científica, negándoles estatus de conocimiento válido.
Ochoa desmontó los tres grandes dogmas del método científico moderno: la neutralidad, la objetividad y la universalidad, denunciando su profundo sesgo andro-eurocéntrico. Señaló que desde 1492 —origen de la modernidad colonial tras la caída de Granada— se construyó una estructura de poder que racializó el saber, entronando al hombre blanco europeo como único sujeto de raciocinio y relegando a las poblaciones colonizadas al estatus de objetos de estudio o fuentes de meros “saberes” subordinados.
“El método científico moderno oculta un sesgo andro-eurocéntrico. Históricamente, los pueblos del Sur fueron construidos como ‘objetos’ de estudio, despojados de su condición de sujetos racionales”, argumentó Ochoa al rastrear esta lógica hasta 1492 y el dualismo cartesiano que separó jerárquicamente a la humanidad de la naturaleza.
Para la investigadora, la ventaja organizativa de las comunas venezolanas —consolidadas durante más de dos décadas— radica en su capacidad para construir un diálogo de saberes real, donde universidades y territorios se reconozcan mutuamente como espacios legítimos de producción de conocimiento, lo que representa una ventaja histórica para construir diálogos de saberes horizontales que rompan las jerarquías académicas vigentes desde hace 500 años.
Los ponentes coincidieron en que es la hora histórica de “que los dirigidos dirijan”. Tal como sentenciaba Hugo Chávez: “el primer poder que tiene el pueblo es el conocimiento”. Bajo esta premisa, la ciencia del entorno y los Proyectos Educativos Integrales Comunitarios (PEIC) deben despojarse de su rol mercantil de adoctrinamiento intelectual para transformarse en instrumentos soberanos de emancipación y autonomía de los territorios.
Es por ello por lo que la jornada de formación crítico-técnica resulta clave: establecer estos cinco principios operativos para los PEIC y las organizaciones populares:
Territorializar el saber: conectar investigación con realidades concretas, rompiendo la jerarquía del experto.
Aprender haciendo: en diseños curriculares flexibles basados en proyectos productivos.
Cartografía social: para diagnosticar colectivamente fallas de luz, agua y servicios, y visibilizar saberes locales.
Diálogo horizontal: erradicar la distinción entre “dirigidos y directores” en favor de sujetos activos.
Descolonización desde abajo: la emancipación del pensamiento debe nacer en las bases, no como directriz estatal.
Todos estos temas que de una u otra manera se están impulsando para el discernir, para el debate, que sirvan para convocarnos y para seguir reflexionando, pero sobre todo para producir ideas, teoría, epistemología para caminar en la transformación de nuestros territorios y de nuestro país















