Comuneros y académicos coinciden en que la planificación es clave para el ejercicio del Poder Popular

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Prensa Instituto de Ingeniería con información de Unacom (Caracas, 8 de junio de 2026).- La articulación entre el saber popular y el conocimiento académico se consolida como un eje fundamental para el desarrollo del autogobierno comunal en el país. Durante una entrevista en el programa En clave comunal, voceros de la Comuna Cacique Yare, ubicada en el casco central de la parroquia San Antonio de Yare, estado Miranda, y autoridades del Instituto de Ingeniería para Investigación y Desarrollo Tecnológico explicaron cómo el intercambio horizontal de saberes está transformando la gestión del territorio.

Formación integral desde el territorio

Freddy Terán, integrante de la Comuna Cacique Yare —la cual agrupa a unas 3000 familias en el municipio Simón Bolívar—, definió a las comunas como «un laboratorio de conocimientos» que mantiene una dinámica permanente de aprendizaje y transformación colectiva. Destacó que este territorio, además de tener una profunda articulación entre los actores del Poder Popular, cuenta con el acompañamiento de la Universidad Nacional de las Comunas (Unacom) y el Instituto de Ingeniería para Investigación y Desarrollo Tecnológico para los procesos de gestión territorial.

Asimismo, detalló que el Instituto de Ingeniería ha brindado un abordaje pedagógico estructurado en tres etapas, comenzando por la planificación básica:

Análisis crítico: Aprendieron a identificar causas, actores y consecuencias de los nudos críticos de su entorno.

Evaluación comunitaria: Esto les permite ir más allá de la simple ejecución de un proyecto, analizando los avances o aspectos negativos en sus asambleas.

Consultas nacionales: Los conocimientos adquiridos han fortalecido su participación en las consultas populares que se realizan cada tres meses.

La geomática como herramienta para la gestión popular

La segunda etapa del plan formativo estuvo dedicada a la geomática. Giovanny Daza, investigador del Centro de Geomática del Instituto de Ingeniería, la definió como «la geografía clásica con todo el apoyo tecnológico de la informática», orientada a proveer recursos de ubicación espacial a las comunidades.

Terán explicó que el uso de herramientas de georreferenciación y el análisis de capas territoriales les permite construir un mapa global de la comuna para tomar decisiones informadas en áreas como servicios públicos, asuntos comunitarios y la custodia del territorio; por ejemplo, en lo que concierne a redes de acueductos, ríos, hidrografía y rutas de abastecimiento; lo que abre la posibilidad de que varias comunas “puedan ponerse de acuerdo y hacer fases, proyectos conjuntos”.

Al respecto, Daza contrastó la «geomática del capital» —utilizada en el ámbito privado para fines comerciales, como ubicar una agencia bancaria— con la geomática comunal, cuyo enfoque es netamente colectivo. Con este recurso, las comunidades pueden identificar con precisión parcelas, acuíferos, nidos de agua o la ubicación óptima para un Centro de Diagnóstico Integral (CDI). «La geomática no soluciona nada, pero ayuda a solucionar todo» —afirmó el investigador—, ya que permite espacializar los problemas para planificar su atención exacta.

Construcción horizontal y el rol del Instituto de Ingeniería

El presidente del Instituto de Ingeniería, Francisco Durán, enfatizó que la institución no opera bajo una «oferta capitalista», sino dentro de una propuesta de Estado comunal donde el poder popular dirige los procesos. El abordaje comenzó rompiendo las distancias: se organizaron diez mesas de trabajo mixtas donde investigadores y comuneros se sentaron juntos a ordenar ideas.

Durán recalcó que el aprendizaje no fue unidireccional y que las sesiones principales se mudaron al propio territorio:

“No era el instituto dando una clase diciendo ‘nosotros somos los sabios’. La primera sesión se realizó en el instituto, pero el resto tuvo lugar allá, en una mata de mango, en una plaza, donde empezamos a ver todas las cosas que nosotros no sabemos y que ellos sí conocen muchísimo mejor. Allí se produce un conocimiento que ya no pertenece ni al Instituto ni a la comuna, sino a ambos como comunidad”.

Además, resaltó la accesibilidad del programa de geomática. Al respecto, insistió en que no se requieren conocimientos técnicos ni profesionales previos, por lo que se facilita una masiva incorporación de jóvenes de la comunidad.

Articulación institucional y los límites de la inteligencia artificial

La autoformación ha optimizado la ejecución de los proyectos aprobados por consulta popular. Freddy Terán ilustró que, al ganar una propuesta, articulan directamente con los voceros sectoriales del territorio (como las mesas técnicas de agua o de gas) y logran un enlace más eficiente con técnicos de la alcaldía, la gobernación y el Consejo Federal de Gobierno.

Al abordar el uso de las tecnologías emergentes, el debate se centró en la Inteligencia Artificial (IA). Giovanny Daza y Francisco Durán coincidieron en que, si bien la IA es útil para acelerar tareas repetitivas, presenta severas limitaciones para la planificación comunal y las decisiones estratégicas. Durán argumentó que la IA tiende a generalizar, mientras que cada espacio comunal posee dinámicas de poder y experiencias genuinas —como la organización interna de un módulo de salud local— que ningún algoritmo puede captar o replicar desde afuera.

Hacia el bienestar integral y el autogobierno

Para los ponentes, la cartografía social digitalizada es, en última instancia, un instrumento para la gestión popular del autogobierno. Sin embargo, Durán advirtió que la transformación profunda no depende de la técnica o de un software, sino de la conciencia colectiva y el «espíritu comunal».

Para cerrar, los investigadores y voceros reflexionaron sobre la priorización que el sistema moderno/colonial/capitalista hace de la ciudad en desmedro del campo; y la consiguiente ciudadanización, que impone el individualismo y la desconexión con la madre tierra. Frente a la noción de bienestar estrictamente capitalista, propusieron rescatar el bien-estar integral: un enfoque basado en la solidaridad, en el respeto a la Tierra, la producción local autosustentable (donde la comunidad produzca lo que consume) y la articulación entre territorios para resolver problemas estructurales, como el histórico diagnóstico del agua en la región del Tuy, y la energía que se requiere para garantizar el acceso a los bienes esenciales en el territorio.

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