Expertos debaten sobre los desafíos de una ingeniería otra

Expertos debaten sobre los desafios de una ingenieria otra 6

Destacados investigadores y académicos venezolanos coincidieron en la urgencia de refundar las bases de la ciencia y la tecnología en el país. Durante el coloquio “Desafíos de una ingeniería otra en el contexto actual”. Debatieron sobre el impacto de las nuevas tecnologías y la crisis ambiental global; plantearon la necesidad de transitar hacia un modelo tecnológico soberano, humano, con arraigo comunitario, de confrontar los paradigmas hegemónicos

Prensa Instituto de Ingeniería/ Andreína Torrealba (Caracas, 23 de junio de 2026).- En un reciente encuentro que reunió a especialistas del sector técnico, científico y social del Instituto de Ingeniería, se debatieron los desafíos de una ingeniería otra en el contexto actual, contó con las ponencias de Miguel Ángel Contreras, sociólogo e investigador de la Universidad Central de Venezuela; la profesora Miriam Suárez, especialista en química y jefa del Centro de Tecnologías de Materiales del Instituto; y el ingeniero Víctor Cano, geólogo, investigador y director técnico del Instituto de Ingeniería.

Desafíos de una ingeniería otra en el contexto actual

El ingeniero geólogo Víctor Cano inició haciendo un recuento del contexto histórico entre los albores de la Revolución Industrial a finales del siglo XIX cuyas dinámicas de explotación humana fueron tempranamente advertidas por el papa León XIII y la denominada Revolución 5.0. Cano señaló que la humanidad se enfrenta a un punto de quiebre donde el desarrollo industrial desmedido ha provocado la degradación del planeta, abriendo debates éticos extremos. “El papa León XIII publicó, en su momento un documento que hacía referencia a la Revolución Industrial a finales del siglo XIX. Al ver cómo la humanidad ya estaba siendo afectada por este proceso. Identificó allí la explotación del hombre por el hombre”.

Cano, citando reflexiones del papa Francisco sobre la deshumanización actual, expresó que «nos encontramos en un tiempo de tecnofascismo o dominación tecnológica, donde pequeños grupos influyen directamente en la información, el consumo y el control moral, normalizando agresiones a través de las redes digitales».

El ponente comentó que básicamente la ingeniería actual utiliza los recursos que transforma para generar elementos de consumo masivo en el planeta. A esto se suma el control moral. Tomando las palabras del papa Francisco sobre la guerra de los deshumanizados, se observa cómo, a través de las redes sociales digitales, se normalizan los ataques, argumentando que ciertos pueblos son malos de nacimiento, y desde la lógica moderna colonial imperialista se manipulan las narrativas. El Gobierno israelí sostiene el concepto de que ellos son las víctimas y no los victimarios, transformando la percepción pública a través del control moral.

«La ingeniería contemporánea no consiste únicamente en aplicar la ciencia para crear herramientas, sino en asumir la inmensa responsabilidad de modelar el futuro de la supervivencia humana. Ese es el verdadero reto actual. El ingeniero de hoy debe ser una figura con un balance perfecto: técnicamente impecable, digitalmente nativo, ecológicamente responsable y éticamente equilibrado. Solo mediante esta visión holística e interdisciplinaria se logrará que la ingeniería mantenga su carácter humano y continúe siendo sinónimo de progreso real, y no un riesgo para el planeta”.

El ponente citó al papa León: “La verdadera grandeza del progreso humano no se medirá en líneas de código o algoritmos, sino en cómo el desarrollo respeta la dignidad de los más vulnerables, débiles y desfavorecidos de la sociedad. Ese es el reto del ahora. ¿Cómo lo hacemos? Hay que construirlo. A veces nos encontramos bajo una especie de neblina y no sabemos exactamente el cómo; pero si tenemos claro hacia dónde queremos llegar, entonces seremos capaces de trazar la ruta correcta”.

Del repensar al «impensar»

Miguel Ángel Contreras extendió el debate, señalando que la tarea de una “ingeniería otra” no solo exige «repensar» es decir, volver sobre lo ya pensado sino fundamentalmente «impensar» atreverse a formular lo que aún no ha sido teorizado desde nuestra propia realidad.

Contreras denunció la profunda desigualdad de esta agenda global «las inversiones en ingeniería genética y optimización biológica están orientadas a complacer las necesidades de apenas un 2 % o 3 % de la población mundial, aquellos que realmente pueden pagarlo. Es un mundo diseñado a imagen y semejanza de los grandes millonarios tecnológicos».

Las trampas de la «economía verde» y el transhumanismo

Alertó sobre las narrativas del transhumanismo y el poshumanismo, impulsadas por corrientes que promueven la «singularidad tecnológica» y la inmortalidad a través de la reprogramación celular.

«Estas dimensiones no son neutras. La disputa ontológica y epistemológica no es una discusión abstracta, sino una batalla por la configuración y el control del mundo, cuyo modelo de depredación exige, para ser viable, la destrucción de tres cuartas partes del planeta».

El investigador cuestionó las soluciones corporativas que se promueven bajo el manto de la «economía verde», y señaló que los impactos socioambientales de la extracción de litio y tierras raras resultan peores que el problema que intentan mitigar. Asimismo denunció el traslado de grandes servidores tecnológicos al Ártico noruego, una medida que acelera el deshielo local bajo la justificación comercial de habilitar tierras cultivables.

Una ingeniería «de, con y para» la gente

La investigadora Miriam Suárez defendió una ciencia otra que tenga un rostro humano. «Yo no creo en la ciencia que no ayude a la gente; creo en la ciencia de la gente, con la gente y para la gente»; abogó por romper el paradigma de que las normas internacionales son camisas de fuerza inamovibles, usándolas en cambio como guías metodológicas adaptables a las realidades locales.

¿Por qué sostengo esto? Porque esa es la ingeniería que estamos llamados a construir si realmente queremos ofrecer soluciones estructurales. La ingeniería tradicional en nuestro contexto ha sido históricamente extractivista; nos hemos limitado a importar modelos y, en los últimos años debido al impacto del bloqueo, no nos ha quedado más remedio que volcar nuestros esfuerzos hacia la ingeniería inversa, enfocándonos en el desarrollo y sustitución de partes, piezas y materiales esenciales. Sin embargo, el verdadero salto cualitativo radica en hacer ingeniería social: una ingeniería de la gente, con la gente y para la gente, cuyo norte sea cuidar, conservar y preservar nuestro entorno y nuestro país.

Para lograr esta relación, compartió un fragmento reflexivo que sintetiza perfectamente esta visión:

«La conjunción de una ingeniería otra exige transformar la academia y romper los paradigmas tradicionales de producción y consumo. No se puede seguir formando científicos aislados en los laboratorios. El éxito de la ciencia actual en nuestro país debe medirse por su capacidad de adquirir una profunda conciencia sociopolítica y una ética crítica, que dialoge transversalmente con el territorio para responder de forma participativa y sustentable a las necesidades de las comunidades vulnerables».

Una ciencia al servicio del pueblo

Suárez señaló que “nuestro trabajo diario siempre ha consistido en escuchar. Cuando una comunidad nos contacta solicitando asistencia o un análisis técnico, el procedimiento correcto es realizar la visita de campo, escuchar el territorio y diseñar una solución que sea verdaderamente sustentable y manejable para ellos, brindándoles además la formación necesaria para que la puedan mantener en el tiempo. Para eso debe servir el conocimiento que adquirimos. La ciencia que se enseña en nuestras universidades tiene que estar estrictamente al servicio de la gente. Si no lo asumimos de esa forma, el esfuerzo de trabajar e invertir en el país pierde su propósito. Tenemos muchísimo por hacer y el camino es el arraigo social”.

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